Estando en la magia de los campos florecidos, queriendo investigar lo que allí había, al ver que sólo escuchaba el canto de unas pocas aves que decían plegarias dirigidas al espacio, a los campos, a la reina del lugar, yo me decía:

” Estas aves cantan, vuelan y viven felices. Aquí en este campo, yo me siento solo, sin inspiración para cantar y sin nadie con quien compartir”. Para mí, decía: “Puede ser que estos campos tengan un alma a la cual yo le pueda preguntar los misterios que esto encierra…”

Me era muy difícil penetrar hasta ese mundo, pero con mi inspiración, mi fe y mi voluntad, lo fui logrando.

Primero me apareció una extraña criatura que, con su voz entrecortada, me decía: ” Yo he vivido en estos campos mucho tiempo acompañando a estas criaturas que aquí habitan. Pero tengo el alma desgarrada de ver que aquí se sufre también…Se lucha mucho para poder sobrevivir. Sin embargo, con Amor lo hemos hecho, en obediencia a una Ley de la Naturaleza”.

Guardó un poco de silencio y le dije: “¿Por qué te sientes compungida y triste?”. Y ella me dijo: ” Hemos sido perseguidos, hemos sido maltratados, y muchos de mis compañeros han muerto, dejando a sus hijitos solos a merced de la miseria, del hambre y de la muerte…”.

Guardó silencio y comprendí que su dolor le impedía seguir narrando esta historia, y yo le dije: ” No entiendo, ¿Quiénes los persiguen aquí en esta manigua, en este campo, en esta lejanía?”.

En cierta forma rehusaba contestarme, pero continuó diciendo: “No protesto contra los que lo han hecho; te digo que los hombres, nuestros hermanos mayores, nos matan, nos destruyen inmisericordemente. Y hemos tenido que alejarnos, dejando estos campos, para recluirnos en lugares más seguros”.

Yo comprendía el dolor que le embargaba y le dije: “¿Sería posible que usted me ayude para conversar con otras más?”. Y me dijo: “Si, yo puedo, a condición de que usted nos ayude a conservar estos campos, y a todos los que aquí vivimos, ya que es nuestra casa, nuestro hogar, donde nos sentimos bien”.

Hablemos con las ninfas

Le dije: “Hablemos con los demás”. Y ella exclamó con gran voz un sonido misterioso, que yo entendí que decía: “¡Ninfas del campo! ¡Reinas de la manigua!, vengan acá para que hablemos”.

Se aparecieron miles de criaturas de diferentes estaturas, algunas con su voz entrecortada, respondiendo a nuestro interrogatorio. ¡Qué sorpresa la mía!, cuando al narrar su historia me decía alguna de ellas: “Yo era un osito juguetón que andaba con mi madre. Cuando llegó el cazador, mi madre huyó. Yo no lo pude hacer. Me alcanzó y me mató”.

Toma la palabra otro diciendo igual palabra: ” Yo era una gacela. Me divertía cruzando la llanura a gran velocidad, pero el hombre cazador me vigilaba, hasta que me mató”.

Siguen apareciendo las historias, y llega una y dice: ” Yo era un delfín que jugaba entre las aguas. Con mis compañeros embellecía el paisaje. Pero una bomba estalló, matándonos a todos”.

Yo me decía: ” ¿Qué pasa ahora que estas criaturas ya no tienen cuerpo físico?. Son elementales que viven en el mundo del más allá”. Quise preguntarle a uno de ellos: “¿Que vas a ser ahora?”, y el me dijo:”No lo sé, pregúntale a mi Deva, que yo también quiero saber”.

Me dirigí al personaje con el cual empecé la conversación y le dije: ¿”Qué va a pasar con el que era un osito juguetón?, ¿va a volver a tener un cuerpo físico?; y el Deva me contestó:” Puede ser que sí, aunque su especie ya está extinguiéndose, y no puede venir en otra especie”.

Le pregunté: “El que era una gacela voladora, ¿volverá?”. Y el Deva me dijo: “Prácticamente imposible, porque esa especie también se extinguió…”. Le dije: “El delfín juguetón, ¿volverá?”. Y me dijo: “Es imposible, porque estos ríos están ya contaminados y los hombres exterminan lo que ven”.

Proteger los campos

En ese momento, al oír el interrogatorio, se acercaron miles de criaturas hacia el Deva y le dijeron: “Es decir, ¿todos a los que nos han matado ya no volveremos más?”. Y el Deva respondió: “Mientras los hermanos mayores, los hombres, no dejen su persecución contra nosotros, será muy difícil, porque no hay un lugar seguro donde no lleguen a destruir”.

Con estas palabras se estremeció la manigua, las nubes se aglutinaban, se oían truenos y rugían los bosques, como queriendo decir: “Vamos a proteger a los campos, con sus vidas, para que el hombre no las siga destruyendo”.

Yo me decía: “Si el hombre no matara las vidas en estos campos, ¡qué diferente sería!”. Y me dije: “¿Cómo hacer para vivir aquí, en compañía de todas estas vidas que creo son mis amigas?”; y exclamé con gran voz diciendo: “Quiero saber si todas estas criaturas que aquí habitan, quieren que yo esté con ellas”.

Empecé a sentir aromas de diferentes clases; corría un aire puro; los árboles se movían como queriéndome decir que se sentían felices, y yo me dije: “Cuando era niño y entraba al bosque, sentía estos aromas, oía el silencio, los árboles se alegraban; pero cuando fui grande se alejaron de mí estos fenómenos”. Y dije: “¿Por qué pasó eso?”.

Y una gran voz que representaba al bosque, me dijo: “Cuando eras niño, eras inocente y sano; cuando fuiste grande, por mirar a otros, también nos perseguiste y nos mataste, y hoy, que has matado esos instintos, vuelves a nosotros y nosotros vamos hacia ti. Por lo tanto dile a tus hermanos, los hombres, que mientras no tengan mente como niño, no conocerán los misterios del reino de los cielos”. ¡LOS CAMPOS!

V.M.Lakhsmi

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